Retro-análisis: ‘Shinobi’ de SEGA (1987) – Máquina Arcade

En los años 80 las películas sobre ninjas proliferaron como setas. Esto dio lugar a la histeria por este tipo de cine y que muchos chavales se apuntaran a clases de artes marciales para emular aquellos movimientos tan técnicos y sofisticados. La industria del videojuego no vivió ajena a toda aquella cultura oriental que floreció con tanta rapidez y surgieron títulos que se basaban es estos nuevos gustos.

Los salones recreativos eran un hervidero de chavalería y, entre tanto videojuego, los de Sega siempre se disputaban el trono entre otras grandes como Capcom, Namco o Konami, las compañías más importantes del sector en los años 80. En un momento tan especial, cuando los títulos más importantes se estaban convirtiendo en un entretenimiento de mimbres bastante elaborados, surgió un videojuego que marcó a toda una generación: No era otro que Shinobi.

El videojuego de ninjas de Sega se salía de la norma, y aunque realmente estaba muy influenciado por otro de aspecto similar (Rolling Thunder, Namco, 1986), este resolvía el juego con un sistema más fluido aún y con más opciones que lo hacían todavía más atractivo. Shinobi apareció en noviembre de 1987 en Japón, y más tarde desembarcaría en USA y Europa en febrero de 1988, suponiendo todo un revuelo para los jugadores de por aquel entonces. Ver cómo se movía Joe Musashi era toda una delicia, sobre todo porque imitaba a la perfección los filmes a los que hacía alusión al comienzo. Como todo buen videojuego de acción de scroll lateral, nuestro cometido era avanzar hacia la derecha eliminando a todo enemigo que saliese al paso. Esto se conseguía a base de lanzar shurikens como si no hubiera un mañana. Adicionalmente también se podían usar otras armas, como el ninjatô, las balas especiales o la magia ninja que arrasaba con todo lo que hubiera en pantalla.

Pobre chiquillo, debe de estar muy asustado con esos captores tan enormes…

Muy interesante era esa forma de desplazarse en varios niveles, por la que había que combinar el movimiento de arriba o abajo con el salto. De este modo, se accedía a plataformas más elevadas o lugares que de otro modo no se podrían alcanzar. No hay que olvidar que para poder completar cada una de las misiones era necesario ir salvando a una serie de niños que habían sido raptados por la organización criminal Zeed. En el caso de que, por despiste o por no haber encontrado a alguno de los cautivos, no pudiéramos traspasar la puerta que nos daba acceso al siguiente nivel, teníamos que dar media vuelta y buscarlo; solo de esta manera daríamos por concluido cada tramo de juego. Para hacer aún más complicadas las fases de este Shinobi, también se implementó un reloj con una cuenta atrás, por lo que la dificultad aumentaba con este hándicap.

Sorprendido por uno de los esbirros de la organización criminal Zeed

Para acrecentar algo más nuestra puntuación en la tabla de ranking, también se disponía de una fase bonus entre misiones, donde el protagonista lanzaba sus shurikens contra hordas de ninjas enfurecidos. Si lográbamos completarlo, se nos congratulaba y pasábamos con una gran sonrisa al siguiente desafío. Lograr concluir con éxito estos bonus suponía estar más cerca de conseguir una vida extra.

El elenco de enemigos de este excepcional arcade era uno de los grandes atractivos del título, ya que teníamos desde esbirros de seguridad hasta ninjas (verdes, rojos y azules o muertos-vivientes), pasando por enormes moles orientales con coleta empleando sus afilados sables-boomerang, tiradores de cohetes con bazooka, y hasta buzos emergiendo del agua para darnos una buena ración de cuchillo. También hay que contar con los jefes de final de fase. Eran todos diferentes y requerían de ciertas artimañas para acabar con ellos, por lo que teníamos que emplearnos a fondo para propinarles los golpes en los lugares exactos. La dificultad iba en progresión, por lo que aumentaba según avanzábamos en el juego al encararnos con esos engendros del mal.

Rodando cual peonzas, así se encuentran estas mortíferas estatuas

El juego disponía de un total de cinco niveles, y cada uno contaba con dos,  tres o cuatro sub-niveles que recorrer; y la verdad es que, aunque no eran demasiado largos, algún escollo encontrábamos de vez en cuando que nos impedía llegar más allá. Era un juego que en ocasiones podía frustrar, pero con tesón, gracias a la adicción que envolvía al jugador, se solventaban aquellos obstáculos más complicados.

En cuanto al apartado técnico, hay que reseñar que lo que más destacaba del conjunto era la suavidad con la que se movía el personaje principal, todo un dechado de saltos, ataques y movimientos marciales en toda regla. La velocidad también era otro factor a tener en cuenta, y daba gusto ver el ritmo que se imprimía a la acción en cada nuevo tramo de escenario que se recorría.

¡Cuidado con el salto! El más mínimo error sería mortal

El apartado gráfico tampoco estaba nada mal, y llamaba la atención por el buen gusto de la paleta que se utilizaba y una ambientación que, aunque sencilla, nos trasladaba a unos escenarios con detalles muy bien escogidos, y que hoy son la seña de identidad de este mítico videojuego. He de confesar que me imponían bastante respeto aquellos enormes guerreros ninja que aparecían lanzando bolas de fuego al finalizar algunos niveles. Sus cascos, y aquellos cuerpos de más altura que el protagonista, representaban una llamada a la cautela.

Shinobi supuso un antes y un después en los juegos arcade de salón. Fue uno de los precursores de toda una oleada de títulos que portaban como reclamo las plataformas, la lucha con armas y el mundo de las artes marciales. Se ha convertido en un gran clásico de todos los tiempos, aquel que todos tenemos en mente cada vez que recurrimos a los emuladores de recreativas.

Autor: Sebastián Tito Rodríguez

Video

Puntuación: 9,5

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